Episodes

  • ¿Me siento malo, inadecuado, imperfecto?
    Apr 22 2026

    ¿Me siento malo, inadecuado, imperfecto?


    Hay un aspecto, que por primario e innato, solemos ignorar. Se trata de la sensación de uno mismo, como si fuese el paisaje en el trasfondo, que compone nuestra sensación de vida como por detrás, sin detenernos en observarlo.


    Es como la trastienda donde se almacenan las cosas o incluso, nuestros recursos.


    En esa parte oculta se ha construido un relato, que puede ser bueno o malo, favorable o desfavorable y que viene a ser como nuestra inercia en nuestras relaciones con los demás.


    A veces, esta sensación nos indica que somos inadecuados, malos, o imperfectos y de cualquier modo marca nuestra forma de vivir.


    Por otro lado, en nuestro interior existe un deseo de lo bueno, lo perfecto, lo adecuado, de manera que en nuestra vida oscilamos entre momentos en que buscamos la paz, la armonía, casi como por vocación o deseo, mientras que en muchos otros momentos, lo que marca nuestras relaciones y nuestras reacciones, es esa capa oculta que se convierte en nuestra forma de vivir.


    Anhelaremos la paz y la armonía y a la vez, viviremos resignados a lo que nos hemos encontrado en la vida humana.


    Podremos tener desde nuestro interior un intento de ser lo bueno y haremos todos los esfuerzos necesarios, pero por lo general, sentiremos no poder dar lo suficiente, no llegar a manifestarlo de forma plena.


    Podemos reconocer la importancia de ver con claridad que existe ese intento sincero y honesto.


    Puede que no logremos manifestar con exactitud lo que queremos llevar a la vida, pero si podemos reconocer en uno mismo la perfección de nuestro intento.


    Podemos generar en nuestro interior el efecto de tener la intención de compartirlo y observar que en ese interior es ya real y no dependiente de si se logra manifestar de uno modo u otro.


    Es la imposibilidad de manifestar de forma perfecta lo que es una realidad precisa en nuestro interior lo que nos genera ese aprendizaje de no ser suficiente.


    Incluso, antes de lograr manifestarnos, con frecuencia nos juzgamos, tenemos miedo, o simplemente no lo haremos, pues nos invade la inseguridad.


    Cuando esto nos pasa, hemos de profundizar en lo que nos está ocurriendo dentro.


    Como para muchas otras cuestiones, nos podemos preguntar si lo estamos pensando, o si lo estamos percibiendo, con la intención de detectar dónde se sitúa esa negatividad.


    “¿Lo estoy percibiendo desde mi interior, o se sujeta en una sensación que produce un estado mental, un pensamiento o mis recuerdos pasados?”.


    Entonces descubrimos que toda esa negatividad es la que gira en torno a la idea de yo. Esa identidad que se ha generado a lo largo de la vida en base a los acontecimientos, generando una identidad reconocida por uno mismo y que queda en el trasfondo de todo, marcando y matizando nuestra vida.


    En esa construcción en amalgama, es donde están las incoherencias, las dudas, los miedos, el no saber quién somos y demás y que son las que matizan y nos previenen de la imposibilidad de ser “buenos”.


    En esta reflexión, reconocemos nítidamente que hay dos realidades. Una de ellas es nuestra intención genuina de ser, nuestra vocación, nuestro anhelo de poder ser lo que somos. Por otro lado, está todo ese cúmulo de pensamientos y recuerdos que son los que imprimen nuestra posibilidad de ser un ser real, reconocible, en nuestra relación con la vida humana.


    De ello, vemos la relación directa entre dejar de prestar atención a esa idea de yo y el permitirnos estar en armonía y paz en nuestro interior.


    En la medida en que me reconozco en lo limitado y condicionado por esos pensamientos, en esa medida es en la que me siento incapaz.


    Tendré que concluir que es propio de la vida humana no poder trasladar en ella lo que reconozco ser interiormente y por lo tanto, esa dificultad forma parte de la imperfección de la realidad biológica con respecto a nuestro interior.


    Continúa,....

    Show More Show Less
    13 mins
  • Seré perfecto cuando no esté
    Apr 20 2026

    Seré perfecto cuando no esté


    En muchas ocasiones ponemos en nuestras acciones toda la intención de ser perfectos, de materializar lo que anhelamos en el interior.


    Ponemos el máximo de nuestros esmeros y a pesar de ello, surgen opiniones, pareceres, diferentes puntos de vista que finalmente hacen desmerecer nuestras intenciones.


    Es algo propio de esta realidad humana, el que sea imposible manifestar algo verdaderamente perfecto.


    Especialmente en esas intenciones de llegar a los corazones de los demás para lograr una vida más armoniosa y conectada.


    Con la experiencia, veremos que realmente no vamos a lograr manifestar lo que anhelamos y ante esa situación podremos reaccionar de varias formas.


    Una de esas reacciones es decidir no intentar hacer nada, convencidos de que algo así, no se puede manifestar en lo humano.


    “Nunca llegaré a los demás, ni conseguiré ese estado perfecto”.


    Me sentiré juzgado y dañado, ya que el intento nacía desde nuestro interior real y ahora vemos que es inútil.


    No nos referimos a ideas pensamiento que queramos realizar. Nos referimos a esa necesidad interior de manifestar lo que dentro somos en real.


    Cuando nos exponemos desde el interior para manifestar lo que anhelamos, es cuando estamos abiertos a ser juzgados y dañados, ya que hemos expuesto nuestra verdad interior.


    Si desde el pensamiento no somos reconocidos no pasa nada, ya que ni nosotros nos reconocemos en esos pensamientos. Sin embargo, cuando nos mostramos desde el interior, lo sentimos real, y es cuando nos exponemos realmente de forma indefensa y todo nos afectará en un principio.


    La negación que podamos recibir desde el exterior equivale a “no poder ser” y no hay nada más terrible para uno mismo, para nuestro ser interior, que el enfrentarse a “no ser”, a ser incorrecto, a no lograr ser lo que somos, e incluso a no merecer vivir.


    El miedo a ser negados, es lo que nos llevó a ocultarnos bajo el pensamiento de la idea de yo generada, como realidad preestablecida y aceptada.


    “Mejor ser algo parapetado, que no ser real y despreciado”.


    De esa manera estaré generando imágenes de mí mismo según logro ser aceptado, reconocido y valorado.


    Si un personaje deja de servirme, adoptaré otro en ese intento de mantenerme como alguien que se reconoce.


    Finalmente, el resultado es que vivo en el pensamiento de ser algo fluctuante, que debo sostener y mantener y sin embargo, mi interior real está escondido, agazapado para no ser visto.


    ¿Cómo puedo experimentar una vida real si quien es real se esconde?


    ¿Por qué estamos escondidos? ¿Por qué necesitamos esa valoración y aprobación de los demás?


    En esa contemplación volveremos conectar con la raíz de lo que somos.


    Identificamos que tenemos una necesidad, y una obligación de existir y que ésta, se está dedicando a proyectarse en el pensamiento adquirido de identidad.


    Vivimos esclavizados de nuestra identificación y de sostenerla.


    Si reconocemos el sujeto que somos en ese intento de ser, también podemos quedarnos en reconocernos sin más. Descubriendo a ese sujeto interior que necesita expresar su realidad, sin necesidad de hacerlo en base a nada.


    Uno mismo, puede comprenderse y reconocerse en el interior. No necesitamos ninguna aportación exterior.


    Podemos entonces, reconocer que nuestra intención de manifestarnos es realmente amor, el intento perfecto de ser amor.


    Uno mismo puede observar que en esa intención de dar amor, uno mismo es perfecto.


    Dejándonos ser en ese reconocer que nuestra intención es perfecta nos estamos permitiendo estar en ese estado perfecto, en nuestro propio ser.


    Continúa,...

    Show More Show Less
    18 mins
  • El efecto bebé
    Apr 20 2026

    El efecto bebé


    Generalmente tomamos a los demás como la realidad exterior que podemos reconocer en ellos, en lo que su realidad física y corporal nos muestran, en sus comportamientos exteriores, del mismo modo en que conceptuamos a los demás, como si esa fuera la realidad humana al completo.


    Del mismo modo, uno mismo forma parte de esa realidad exterior para cada uno de ellos, participando entre todos en ese condicionamiento tan dominante.


    De esta situación, uno concluye, “soy una consciencia interior con dudas existenciales, cuando los demás no aparentan tenerlas”.


    El hecho de apreciar que realmente nadie ha resuelto esas dudas existenciales, y que por lo general, simplemente, dejamos de cuestionarnos las cosas, nos permite aceptar esta vida en su forma aparente, mientras aceptamos del mismo modo, nuestra consciencia interior.


    Entonces logramos apreciar en cada ser humano su realidad interior, adherida a sus experiencias vividas, de manera que contemplamos la lógica expresión que se manifiesta y a su vez, la posibilidad de contactar con su interior.


    Podemos utilizar un ejemplo para entender, hasta qué punto actuamos y vivimos bajo la influencia de lo aparente.


    Es el caso en que vamos de visita a conocer a un recién nacido, es casi unánime, el que todas las personas nos quedemos embelesados ante la presencia del bebé.


    Se guarda silencio exterior e interior. La observancia es completa para percibir al bebé.


    Es un caso claro en el que dejamos de pensar, algo que nos parece tan difícil de lograr por nosotros mismos, ocurre ahora sin pretenderlo, de forma espontánea.


    En ese silencio que hacemos, ocurre una apertura completa hacia la realidad del bebé.


    Si observamos lo que está ocurriendo, comprobaremos que nuestro interior se abre por completo para la contemplación del nuevo ser. Literalmente se activa nuestro interior con plena atención, como para contactar con la realidad del bebé, poniéndonos en un modo “no mental”.


    Las personas que trabajan por vocación con niños de corta edad hablan de lo felices que se sienten estableciendo comunicación con ellos, como que los cuidadores entran en ese estado de inocencia, sin pensamientos, lo que les permite despertar su sensibilidad interior gracias a percibir la de los niños.


    Estos cuidadores están abiertos a percibir la realidad de esos niños, ya que no están en el pensamiento.


    ¿Por qué ocurre que cuando estamos con niños de corta edad nos sintamos tan felices, tan auténticos, tan identificados?


    ¿Por qué en su presencia nos sentimos más ligeros, más alegres, más reconocidos, más reales?


    En lo cotidiano no se logra eso en absoluto, estamos inmersos en el pensamiento de tener que ser algo, que sea correcto y adecuado. Difícilmente lograré sentirme con adultos del modo en que me siento, de forma espontánea, con niños de corta edad.


    ¿Por qué ocurre esto?


    Cuando nos acercamos a un bebé, sabemos que no necesitamos protegernos, ni sostener un personaje y que podemos dejarnos ser libres, para percibir al bebé. Nos sentimos ligeros, auténticos y sabemos que ante el bebé no necesitamos ser nada.


    Es como si dejáramos toda nuestra envoltura de identidad adquirida y nos permitiéramos ser lo que somos, sin más.


    Ante el bebé no necesitamos mostrar nada, ni ser aceptados, ni juzgados. Podemos ser la verdad que somos.


    Entonces, nos dejamos sentir mientras estamos cerca del bebé, sintiéndolo incondicionalmente y permitiéndonos estar según somos sin traducción, ni adaptación.


    Quizás llevamos años anhelando disponer de una relación con otro ser humano desde esa realidad interior sin lograrlo y de repente, al visitar al bebé, sin pretenderlo, ni esperarlo, ocurre.


    A la par que soy capaz de percibirle, me estoy percibiendo a mí mismo, en absoluta libertad e incondicionalidad.


    Continúa,....

    Show More Show Less
    21 mins
  • ¿Por qué necesito meditar?
    Apr 9 2026

    ¿Por qué necesito meditar?


    Generalmente, la vida nos vive.


    Vivimos atrapados en la necesidad de sobrevivir desde la idea de yo adquirida, pretendiendo que esta satisfaga nuestra necesidad interior de ser, en una continua lucha por lograrlo en la realidad humana, donde realmente es imposible lograrlo.


    Como ya hemos tratado anteriormente, esa necesidad de ser solo se puede satisfacer mediante el reconocimiento del ser interior que somos, y nos demanda tal cosa.


    Entonces, reconocemos que somos una realidad como de otro mundo que difícilmente podrá ser manifestada en la vida humana.


    Una vez nos demos cuenta de ello, buscaremos la forma de ir al encuentro de ese ser interior que siempre ha estado, y que siempre nos ha reclamado desde el silencio interior.


    Podemos continuar nuestra vida de ese modo, buscando la realización de uno mismo como ser humano, o por el contrario, quizás lo que queramos es reconocer, o recordar, lo que somos realmente.


    Esta, quizás sea una labor que nos llevará su tiempo, pero aún así, marca un comienzo en nuestro camino interior.


    Se trata de mantener la atención en esa incipiente sensación de ser una realidad interior completa, que iremos reconociendo de una forma constante.


    Es como haremos de la meditación nuestra forma de vida, pues nos será necesario emplear el máximo de tiempo posible para tener la mente despejada y amplificar nuestra escucha interior.


    Nuestra identidad humana, nuestra comprensión de la realidad en base al mundo físico, todo lo que recordamos, forma como un todo, una cosmovisión donde no reconocemos, en principio, otra realidad, más que la que recibimos con nuestros sentidos.


    Sin embargo, mediante el estado meditativo iremos reconociendo que hay algo que parece no formar parte de esa comprensión, que más bien dete tamos que es una constante que está presente observando ese mundo material con el que cada vez se identifica menos.


    Muchas personas no llegan, incluso, a identificarse con esta realidad material y humana desde un principio, presentando ese distanciamiento sobre las formas y costumbres humanas. De ellas, algunas sucumben en esa inadaptación, mientras que otras en su momento, inician ese camino interior para lograr recordar su naturaleza interior permanente.


    Naturaleza que tendera a la reunificación con el Ser.


    Por lo general, las personas actuamos en la comprensión de la realidad humana ,y aunque en su momento dudemos, por lo general actuamos de forma coherente con esa normalidad adquirida en base a las motivaciones y necesidades del ser humano.


    Los días van pasando y muchas veces nos preguntaremos si realmente estamos siendo conscientes de nuestra vida, tan delimitada en el tiempo, mientras pasa.


    Cuantos años han pasado sin tener la posibilidad de prestarnos atención, sin haber sentido la vida desde nuestro interior, con plena presencia, sintiendo que realmente estamos viviendo, más que ser un engranaje más del mecanismo humano.


    “Somos vividos, en vez de vivimos la vida”


    Todos formamos parte de esa “normalidad” humana y somos uso de otros influencia para sostenernos en esa forma de vida.


    Vivimos una vida virtual porque no ponemos presencia consciente en nuestros actos. Generalmente estanos inundados de acciones obligadas, sin una motivación real y son muchas horas al día, durante muchos años, que permanecemos así.


    ¿Cómo vamos a sentir la vida si no la estamos negando permanentemente, aunque sea inconscientemente?


    “En un momento hubo una renuncia y decidimos hacer lo que veíamos hacer”.


    Todos somos absorvidos por la inercia que nos encontramos al nacer. Todos nos enfrentamos a tener que identificarnos con una identidad que nos ofrece las personas con las que convivimos. Todos nos vemos obligados a ser seres humanos coherentemente. Todos asumimos la realidad humana en el entorno donde vivimos. Todos los seres humanos nos volvemos condicionadores hacia las nuevas generaciones.

    Continúa,....

    Show More Show Less
    16 mins
  • Volver a uno mismo
    Apr 9 2026

    Volver a uno mismo


    Hay momentos de la vida en que todo parece en orden, las cosas discurren con normalidad y tenemos la sensación de dirigir nuestra vida.


    En otros momentos, ya se por la situación general, o por la nuestra en particular, todo parece caer sobre nuestras cabezas y no podemos hacer otra cosa que seguir adelante esquivando las situaciones.


    La angustia y el estrés se apoderan de nosotros y, realmente, no sabemos a donde nos llevará la vida y cómo podremos seguir adelante.


    Todo ello nos aleja de la sensación de ser dueños de nuestra vida, sin posibilidades de encontrar relajación y momentos de paz.


    En esa situación, encontrar en modo de interiorizar para ir en busca de nuestro espacio interior, nos será de gran ayuda para recuperar el control de uno mismo.


    Necesitamos hacer un esfuerzo y obligarnos a parar, sea la situación que sea, la que estemos atravesando.


    Todo podrá seguir pasando, pero uno mismo debe permanecer de la mejor manera, mientras las cosas pasan.


    Estamos tan inmersos en atender lo que la vida humana nos demanda, a todos los niveles, que realmente olvidamos qué es estar con uno mismo completamente.


    Actualmente, incluso cuando tenemos tiempo, solemos estar completamente volcados en la avalancha de información que nos llega, siendo consumidores de infinidad de información, que poco, o nada, tienen que ver con uno mismo.


    Vivimos atrapados en una inercia donde evitamos reconocernos en nuestra realidad personal.


    Todos seguimos la inercia que contemplamos en el exterior, es sin duda el modo más sencillo de estar. De esta forma, mostramos, también a los demás, que es lo natural, que así es la vida, dejarse levar por lo que se manifiesta.


    Si no nos prestamos atención personal y directa, seguiremos las inercias hasta que nuestra vida termina y entonces, podremos decir que no hemos vivido realmente. Simplemente, fuimos continuadores de las situaciones que nos llegan.


    ¿Quién está presente en nuestra vida? ¿Damos salida y movimiento a ese ser interior que suele dejarse llevar por la inercia, o nos prestamos atención y vivimos desde la realidad consciente de uno mismo?


    Todo lo que termina, no podemos ser. Todo lo que hacemos, termina y no podemos ser.


    Cuando llevamos nuestra atención al que presta atención, o no presta atención, pero está, entonces, reconoceremos la naturaleza atemporal de nuestra realidad interior.


    ¿Podemos ser conscientes de uno mismo al margen de lo que pueda pasar, o lo que podamos estar haciendo?


    Del mismo modo en que podemos observar cómo corre el agua por el río, del mismo modo podemos observar ese río de la vida mientras transcurre, y seguimos siendo el que observa.


    Estamos tan entretenidos e inmersos en esas noticias que nos trae la vida, que no nos dejamos ni un momento para estar con uno mismo.


    Si es importante estar bien informados, más importante es ser conscientes de estar presentes desde uno mismo en nuestra vida.


    Podemos dedicar momentos donde no prestemos atención a ninguna cuestión exterior y nos prestemos verdadera atención a nuestro interior, que siempre está presente.


    Lo primero que podemos observar es nuestro estado mental, todo su contenido, para en que dedicamos nuestra atención, y de qué forma estamos viviendo. Las emociones que más predominan y nos controlan. Los objetivos que nos imponemos y porqué.


    Dedicar tiempo a reflexionar sobre nuestra situación y nuestras acciones, nos puede ser muy necesario, para empezar a dar pasos correctos, hacia recuperar nuestra vida.


    Vamos a comprender de qué manera estamos siendo vividos y la manera en que perdemos nuestra energía.


    En la mente colectiva hay muchas metas, objetivos y estados mentales con los que estamos conectados, formado parte de ello y cooperando globalmente en ese río que nos arrastra.


    Hay que vencer la inercia de seguir en esa corriente que creemos que somos y que no podremos salirnos.



    Show More Show Less
    18 mins
  • ¿Somos Uno?
    Apr 8 2026

    ¿Somos Uno?


    “Somos Uno” es una frase hecha muy aceptada, que se oye a menudo, aunque, ¿realmente tenemos una experiencia directa sobre ello, o simplemente es una idea o comprensión?


    Pareciera que se tratase como el enunciado de una ley, “todos somos uno” y por obligación serlo, aunque realmente nos sintamos muy diferentes unos de otros.


    Si todos somos uno, ¿lo que hagamos en uno mismo afectaría a todos?


    Si realmente creyésemos esa ley, dejaríamos de preocuparnos de que mejore el mundo y de que la humanidad fuese más amorosa.


    ¿Sería suficiente entonces, llegar al amor en nuestro micro mundo interior para que en ese uno que somos se trasformarse el todos?


    Si conseguimos llegar a la paz interior aceptando la totalidad, ¿lograríamos también que la paz se hiciese en el mundo?


    Parece necesario profundizar en todo esto para comprender de forma completa la situación.


    Cuando entramos en meditación dejando de lado nuestra idea de yo, realmente accedemos a una realidad interior que nos lleva a acercarnos a esa sensación de ser uno. Esto es algo ya conocido y que se va incrementando con cada meditación.


    Sin embargo, en nuestra vida humana nos hemos identificado con un cuerpo humano que es individual y separado e inevitablemente hemos desarrollado la percepción de ser diferentes seres humanos, cada uno con una trayectoria muchas veces diametralmente opuesta a la nuestra.


    Resulta que hay infinitos seres humanos, con diferentes razas, visiones de la realidad.


    ¿En dónde o en qué realidad podemos ser uno? ¿Realmente se puede sostener esa ley?


    Desde lo humano y siendo coherentes con lo que consideramos real, no podemos asumir que todos somos uno.


    La imagen que obtenemos del otro, es los que podemos contemplar de ellos a través de su realidad física y corporal, aunque luego este revestida de las características de se identidad, lo veré como una realidad humana.


    Del mismo modo, lo que el otro contempla de mí mismo, es la apariencia que muestro de ser un ser humano, con una identidad, que me ‘recibe de semejante forma a la que yo realizo de los demás


    Es decir, todos compartimos, cooperamos y sostenemos la idea que aparentamos como seres humanos, que disponen de un cuerpo vivo, que da soporte a todo ello.


    Realmente, es nuestra identidad construida en base a nuestro cuerpo la que da soporte a nuestra visión individual de los seres humanos.


    Sin ese objeto biológico humano, y todo el aprendizaje obtenido a través de él, realmente, no sabríamos si nos sentiríamos separados o diferentes.


    Resulta que, precisamente, en la meditación, ese aporte de conocimiento se queda a un lado y comenzamos a percibir la realidad interior, de manera, que es precisamente eso, lo que elimina la sensación de separación y de ser tal identidad humana.


    La situación es entonces: cuando medito percibo una realidad interior genuina, me siento libre para ser, y la sensación de verdad se amplía hasta percibir esa conexión con el resto de seres humanos desde el interior. Es cuando al percibir al otro, sin atender a lo que la mente pensamiento me informa, me siento más unido como si fuésemos lo mismo.


    Entonces, en esa situación puedo observar ambas percepciones, la exterior mediante los sentidos del cuerpo y todo lo que en la mente se ha construido y la percepción interior.


    Vemos la inmensa identificación que tenemos con la realidad exterior como seres humanos, el hecho de ver a los demás como tales, y el proceso de comprensión ta intenso que supone desidentificarme a mi mismo y a la vez hacerlo con los demás.


    Sobre todo, mantenernos de ese modo cuando salgamos del estado meditativo y contemplemos al resto de seres humanos mientras los percibimos como tales.


    ¿Seremos capaces de seguir percibiendo nuestra realidad interior propia y a la vez hacerlo con los demás al volver a lo cotidiano?


    Continúa,....

    Show More Show Less
    26 mins
  • La disposición efectiva de meditar
    Apr 8 2026

    La disposición efectiva de meditar


    Una de las cuestiones más recurrentes en las personas que se inician en la meditación es la inquietud que les genera la necesidad de dejar de pensar para poder meditar.


    Muchas veces se comparte que los pensamientos van y vienen sin control y que por ello, las diferentes técnicas de meditación nos piden que dediquemos el pensamiento a contar respiraciones o a otras tareas, más o menos repetitivas como para tenerlos ocupados, o distraídos, quizás con la intención de que surja lo que no es pensamiento, de manera que nuestra atención consiga reparar en esa otra realidad que no es pensar.


    Si lo que pretendemos es captar lo que no es pensamiento y a su vez, real, ¿porqué no llevar nuestra atención directamente a ello, en vez de esperar que surja mientras el pensamiento está distraído?


    Parece que no somos capaces de reconocer una realidad si nuestra atención no recaba en ella.


    Luego entonces, cabría preguntarse, ¿cual es la realidad que ha de estar a mi alcance para poder llevar e ella mi atención?


    Quizás no sepamos decir si existe algo real y permanente a nuestro alcance, ya que la vida se pasa a la velocidad del tiempo, pero es posible que sí podamos reconocer la presencia de algo que sí permanece. Nuestra capacidad de darnos cuenta.


    Quizás, existe un anhelo profundo e intenso de contactar con lo real y es precisamente el lugar desde donde parte ese anhelo, el lugar donde reside nuestra consciencia de ser y existir.


    ¿Qué mejor lugar que ese donde depositar nuestra atención?


    ¿Qué sentido tiene preocuparme de mis pensamientos mientras mi anhelo me puede llevar directamente a lo que soy en real?


    Ya podemos tener comprendida que automáticamente queremos llevar al pensamiento cualquier cosa que queremos reconocer o contemplar. Algo así, como que si no pienso en algo, no dispongo de la sensación de reconocerlo como real, que no se vivir sin pensar que vivo, en vez de simplemente reconocer nuestra existencia.


    Se ha construido en nuestra mente pensamiento una idea de realidad basada en la realidad exterior, una realidad cambiante, que termina y que no puede contenernos realmente tal y como nuestra consciencia reclama y es.


    Entonces, cualquier acto que intentamos, incluida la meditación, tenderemos a llevarla a esa construcción donde necesitamos llevar todas las experiencias, para que logremos encajarlo todo dentro de los márgenes conocidos.


    Nuestra comprensión se basará en encajar, el resultado de la meditación, en ese enjambre de pensamientos adquiridos que nos han ayudado a adaptarnos a la realidad humana. De esta manera, generamos nuevos pensamientos que se reflejan inútiles a la hora de conocer las realidades de nuestro interior, que nunca son pensamientos y estos jamás definirán, ni atraparán, la experiencia interior real.


    Luego entonces, si queremos meditar realmente, hemos de dejar de utilizar el pensamiento de “ir a meditar” y preguntarnos interiormente si realmente queremos percibir la realidad.


    El hambre de conocer la verdad, quizás sea la motivación más poderosa para lograr llevar nuestra atención a nuestra consciencia interior, el lugar desde donde parte, precisamente, ese hambre de la verdad.


    Si nuestra intención de acercarnos a la verdad, es completo, sabremos que hemos de escuchar en nuestro interior y que no nos servirá intervenir con nuestros pensamientos, nuestros conocimientos, ya que todo ello son grabaciones del pasado que ya no existen.


    La Verdad está siempre, al margen del tipo de pensamiento que este en cualquier momento en nuestra mente.


    Incluso si nuestro pensamiento es el resultado de experimentar la Verdad después de contemplarla, ese pensamiento no es la Verdad. Solo es un reflejo efímero que desaparece en cuanto nuestra atención vaya al pensamiento o cambie de objetivo.


    Luego para lograr meditar en la Verdad, hemos de reconocer que siempre ha estado, independientemente de nuestra edad, o de nuestro aprendizaje, o creencias.


    Continúa,...

    Show More Show Less
    12 mins
  • Ser Paz, compartir Paz
    Apr 3 2026

    Ser Paz, compartir Paz


    Hay personas que me preguntan si canalizo a ángeles, o seres espirituales, cuando comparto reflexiones.


    Parece como si la responsabilidad de nuestros actos quisiéramos ponerla en seres superiores diferentes a nosotros mismos, como si fuésemos, simplemente, un parlante que expresa lo que un maestro transmite.


    Me gustaría destacar la importancia de alejar esas ideas de uno mismos cuando estamos intentando escuchar nuestro interior y; en su caso, compartirlo.


    Personalmente, cuando cierro los ojos, no hago otra cosa que mirar a mi interior y escuchar desde ese lugar, lo que el “razonamiento del ser interior que soy” me permite percibir, como algo propio, que no es otra cosa más que reflexionar sobre lo real, sin el añadido de nuestros conceptos mentales aprendidos en base a una realidad exterior y efímera.


    ¡Como para tener que pensar que es otro ser el que me dicta!


    Miro dentro y me hago responsable de lo que percibo en primera persona y me permito expresarme con la misma claridad con la que percibo la realidad interior.


    En ese proceso, ya de años y más de 700 reflexiones, si algo contemplo que estoy logrando, es a reconocer esa realidad interior como mi verdadera identidad, aprendiendo cada vez más, a estar presentes, con los ojos abiertos y en mis relaciones con los demás y la vida humana en general.


    En esa evolución de estar cada vez más consciente del ser interior que soy, estoy sintiendo ir modificando el formato, realizando entrevistas, o tertulias desde el interior, para llevar más a las relaciones humanas el avance en el camino interior.


    De esta manera, la cuestión que más aparece en todas las actividades y talleres, y que ahora sale a colación, es: ¿cómo puedo mantenerme en ese estado interior permanentemente?


    Lo primero que hay que observar es lo que ocurre en el momento de abrir los ojos. Es algo casi automático que pasa desapercibido my que si lo observamos, podemos ver lo que ocurre con nuestra atención.


    En esos momentos el los que percibimos calma y paz, sin duda, nuestra atención está reconociendo esa realidad en nuestro interior y lo vemos como un estado real, que nos libera de los pensamientos, especialmente de la idea de ser una identidad humana.


    Cuando no prestamos atención al pensamiento de ser algo, nos relajamos y nos damos cuenta de que somos una realidad interior.


    Este proceso puede ocurrir sin darnos cuenta como resultado de nuestras prácticas de meditación, o podemos saber de que se trata e ir directamente a ello.


    Lo mismo ocurre en el momento de abrir los ojos, podemos darnos cuenta de lo que ocurre o puede ser automático.


    Si lo observamos, veremos que al abrir los ojos, automáticamente nuestra atención “suelta” instantáneamente la percepción de ese estado interior de calma y paz, para salir disparada en reconocer lo que los ojos ven del exterior y nuestro cerebro active las reacciones propias de esa percepción del entorno exterior.


    Si por ejemplo, delante nuestro vemos a una persona que despreciamos seguramente se active en nuestra mente la reacción aprendida con respecto a ella y no habrá otra cosa en nuestra mente.


    ¿Dónde queda la percepción de nuestro interior al abrir los ojos entonces? Pues totalmente ignorada.


    En nuestra mente hay una percepción de lo real y esta se rellena de lo que nuestra atención nos muestra.


    De esa manera, vivimos en un reflejo continuo del exterior en nuestra mente y la reacción que causa nuestra memoria con respecto a ello. Ese estado mental producto de esa interacción es a lo que le llamamos vida.


    ¿Podemos entender porqué eso no es vivir, simplemente uniendo los recuerdos con los estímulos para seguir generando memoria y reacciones?


    La moneda de cambio entre los seres humanos es la apreciación de nuestros sentidos físicos frente a la realidad exterior con respecto a todos los demás.


    Continúa,...

    Show More Show Less
    14 mins