La disposición efectiva de meditar
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La disposición efectiva de meditar
Una de las cuestiones más recurrentes en las personas que se inician en la meditación es la inquietud que les genera la necesidad de dejar de pensar para poder meditar.
Muchas veces se comparte que los pensamientos van y vienen sin control y que por ello, las diferentes técnicas de meditación nos piden que dediquemos el pensamiento a contar respiraciones o a otras tareas, más o menos repetitivas como para tenerlos ocupados, o distraídos, quizás con la intención de que surja lo que no es pensamiento, de manera que nuestra atención consiga reparar en esa otra realidad que no es pensar.
Si lo que pretendemos es captar lo que no es pensamiento y a su vez, real, ¿porqué no llevar nuestra atención directamente a ello, en vez de esperar que surja mientras el pensamiento está distraído?
Parece que no somos capaces de reconocer una realidad si nuestra atención no recaba en ella.
Luego entonces, cabría preguntarse, ¿cual es la realidad que ha de estar a mi alcance para poder llevar e ella mi atención?
Quizás no sepamos decir si existe algo real y permanente a nuestro alcance, ya que la vida se pasa a la velocidad del tiempo, pero es posible que sí podamos reconocer la presencia de algo que sí permanece. Nuestra capacidad de darnos cuenta.
Quizás, existe un anhelo profundo e intenso de contactar con lo real y es precisamente el lugar desde donde parte ese anhelo, el lugar donde reside nuestra consciencia de ser y existir.
¿Qué mejor lugar que ese donde depositar nuestra atención?
¿Qué sentido tiene preocuparme de mis pensamientos mientras mi anhelo me puede llevar directamente a lo que soy en real?
Ya podemos tener comprendida que automáticamente queremos llevar al pensamiento cualquier cosa que queremos reconocer o contemplar. Algo así, como que si no pienso en algo, no dispongo de la sensación de reconocerlo como real, que no se vivir sin pensar que vivo, en vez de simplemente reconocer nuestra existencia.
Se ha construido en nuestra mente pensamiento una idea de realidad basada en la realidad exterior, una realidad cambiante, que termina y que no puede contenernos realmente tal y como nuestra consciencia reclama y es.
Entonces, cualquier acto que intentamos, incluida la meditación, tenderemos a llevarla a esa construcción donde necesitamos llevar todas las experiencias, para que logremos encajarlo todo dentro de los márgenes conocidos.
Nuestra comprensión se basará en encajar, el resultado de la meditación, en ese enjambre de pensamientos adquiridos que nos han ayudado a adaptarnos a la realidad humana. De esta manera, generamos nuevos pensamientos que se reflejan inútiles a la hora de conocer las realidades de nuestro interior, que nunca son pensamientos y estos jamás definirán, ni atraparán, la experiencia interior real.
Luego entonces, si queremos meditar realmente, hemos de dejar de utilizar el pensamiento de “ir a meditar” y preguntarnos interiormente si realmente queremos percibir la realidad.
El hambre de conocer la verdad, quizás sea la motivación más poderosa para lograr llevar nuestra atención a nuestra consciencia interior, el lugar desde donde parte, precisamente, ese hambre de la verdad.
Si nuestra intención de acercarnos a la verdad, es completo, sabremos que hemos de escuchar en nuestro interior y que no nos servirá intervenir con nuestros pensamientos, nuestros conocimientos, ya que todo ello son grabaciones del pasado que ya no existen.
La Verdad está siempre, al margen del tipo de pensamiento que este en cualquier momento en nuestra mente.
Incluso si nuestro pensamiento es el resultado de experimentar la Verdad después de contemplarla, ese pensamiento no es la Verdad. Solo es un reflejo efímero que desaparece en cuanto nuestra atención vaya al pensamiento o cambie de objetivo.
Luego para lograr meditar en la Verdad, hemos de reconocer que siempre ha estado, independientemente de nuestra edad, o de nuestro aprendizaje, o creencias.
Continúa,...