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Devocionales Bíblicos Jesus Is Life

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By: Jesus Is Life
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Breve estudio de la Biblia, capítulo a capítulo a través de los devocionales diarios.Jesus Is Life Christianity Spirituality
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  • HEBREOS 9. NUEVO PACTO
    Jan 16 2026

    NUEVO PACTO

    HEBREOS 9:13 Bajo el sistema antiguo, la sangre de cabras y toros y las cenizas de una ternera podían limpiar el cuerpo de las personas que estaban ceremonialmente impuras. 14 Imagínense cuánto más la sangre de Cristo nos purificará la conciencia de acciones pecaminosas para que adoremos al Dios viviente. Pues por el poder del Espíritu eterno, Cristo se ofreció a sí mismo a Dios como sacrificio perfecto por nuestros pecados. 15 Por eso él es el mediador de un nuevo pacto entre Dios y la gente, para que todos los que son llamados puedan recibir la herencia eterna que Dios les ha prometido. Pues Cristo murió para librarlos del castigo por los pecados que habían cometido bajo ese primer pacto. NTV.

    Pese a su conversión a Jesucristo, existen creyentes que todavía cargan con culpas pasadas, con errores que creen irreparables, con una conciencia que las acusa sin cesar. Estos creyentes a pesar de haber entregado sus vidas a Jesucristo, dudan de Su poder para perdonar sus pecados. A los que dudan del poder de la sangre derramada en la cruz del calvario, el escritor de esta carta les incentiva a que abandonen sus dudas, y contemplen con fe el poder infinito de la sangre del Cordero inmolado. Ya que Su preciosa sangre no fue derramada en un altar terrenal, sino en la cruz del Calvario. No fue la sangre de un animal imperfecto, sino la del Cordero sin mancha, ofrecido por el Espíritu eterno como sacrificio para el perdón de todos los pecados de la humanidad.

    En el Antiguo Testamento, Dios estableció un sistema de sacrificios para que su pueblo pudiera acercarse a Él, aunque de manera temporal y simbólica. Los animales eran ofrecidos como sacrificios, sus sangres derramadas en el altar del sacrificio terrenal, y las cenizas de una ternera roja tenían un propósito legítimo: limpiar la impureza ceremonial, permitiendo que el israelita volviera a participar en la vida comunitaria y en el culto del tabernáculo. Pero esa limpieza era superficial, no tocaba el corazón ni transformaba la conciencia. Era un recordatorio constante de que el pecado seguía presente, y que los sacrificios debían repetirse año tras año. La purificación no se trataba de que el hombre solo quede limpio ante los ojos de otros humanos o cumpla con rituales, sino que experimentara una paz profunda con Dios.

    La sangre de Cristo no solo cubre el pecado; lo borra. No solo satisface la justicia divina; restaura la relación. No solo perdona al pecador; los reconcilió con el Padre. Y lo hace por el poder del Espíritu eterno, lo que significa que su obra no está limitada por el tiempo, el espacio ni la repetición. Fue una vez por todas. Más aún, Cristo no es solo un sacerdote que ofrece un sacrificio: Él es el sacrificio. Se ofreció a sí mismo voluntariamente, sin mancha, perfecto. Y por eso, es el mediador de un nuevo pacto. Este nuevo pacto no depende de la capacidad de las personas para obedecer, sino de la fidelidad de Dios y del sacrificio suficiente de Jesús.

    La sangre de Jesucristo opera en una dimensión radicalmente diferente a la sangre de los animales que eran sacrificados en el antiguo sistema sacrificial. La sangre del Cordero no limpia superficialmente, sino que penetra hasta lo más profundo del ser humano: la conciencia misma. Esa voz interna que acusa, que recuerda las faltas, que separa de la plena comunión con Dios, es purificada completamente por el sacrificio perfecto de Jesús en el madero. Jesús es el mediador del nuevo sistema sacrificial o nuevo pacto. Los redimidos ya no están bajo rituales externos, sino bajo una relación viva con Dios. Por su muerte, fueron liberados del castigo que merecían y llamados a heredar la vida eterna. ¡Qué gracia tan inmerecida!


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  • HEBREOS 8. UN NUEVO PACTO
    Jan 15 2026

    UN NUEVO PACTO


    HEBREOS 8:7 Si el primer pacto no hubiera tenido defectos, no habría sido necesario reemplazarlo con un segundo pacto. 8 Pero cuando Dios encontró defectos en el pueblo, dijo: Llegará el día, dice el SEÑOR, en que haré un nuevo pacto con el pueblo de Israel y de Judá. 10 Pero éste es el nuevo pacto que haré con el pueblo de Israel en ese día, dice el SEÑOR: Pondré mis leyes en su mente y las escribiré en su corazón. Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. 13 Cuando Dios habla de un «nuevo» pacto, quiere decir que ha hecho obsoleto al primero, el cual ha caducado y pronto desaparecerá. NTV.


    El anhelo de Dios al crear al hombre fue que el hombre y toda su descendencia mantuviera una íntima relación con Él. Esperaba que lo aceptaran como su único Dios verdadero, a Quien amar y entregarle su vida y su adoración, pero el hombre al tener libertad de pensamiento y de acción, decidió apartarse de la voluntad de su Creador y vivir bajo los impulsos de su naturaleza de pecado, heredada de su caída en el huerto de Edén. Pero pese a la negativa del hombre de reconocerlo como su único Dios verdadero, el eterno Creador no los abandono a su suerte, más bien, busco la manera de atraerlos nuevamente a su presencia, perdonándoles sus rebeliones y pecados.


    Para restablecer esta relación con la humanidad, el eterno Creador escogió a un pueblo de entre todos los pueblos del mundo para realizar una alianza, un pacto sellado con sangre, en el cual Dios se comprometió a adoptarlos como su pueblo y el pueblo se comprometería a aceptarlos como su único Dios verdadero. Este pacto fue firmado en el monte Sinaí en presencia de todo el pueblo y sellado con la sangre de un animal, que fue sacrificado con este propósito. Conforme a su pacto, Dios adoptó al pueblo hebreo de entre todos los pueblos, les protegió de todo peligro, les cuido satisfaciendo cada una de sus necesidades y no solo eso, les dio una identidad y un territorio para que se establecieran como una nación, pero en contraste a Dios, el pueblo hebreo no pudo cumplir con su parte del pacto, no adopto al eterno Creador como su único Dios verdadero, en su lugar fueron tras otros dioses para rendirles adoración.


    Pero Dios, en su misericordia, no los abandonó a su incapacidad al hombre. Él mismo tomó la iniciativa de establecer un nuevo pacto, uno que no se basa en tablas de piedra ni en rituales externos, sino en una transformación interior. La promesa maravillosa es que Dios escribiría sus leyes en sus mentes y corazones. El primer pacto, aunque santo y dado por Dios, tenía limitaciones no por culpa de Dios, sino por la debilidad del pueblo. La ley era perfecta, pero el corazón humano no podía cumplirla plenamente. Por eso, Dios prometió algo radicalmente distinto: un nuevo pacto, no escrito en pergamino ni tallado en piedra, sino inscrito en la mente y en el corazón de su pueblo.


    Este nuevo pacto no depende de la capacidad de las personas para obedecer, sino de la fidelidad de Dios para perdonar, habitar y transformarlas. Ya no se trata de “hacer” para ser aceptados, sino de “ser” porque ya son amados. En Cristo, Dios no solo perdona los pecados a los hombres, sino que les da su Espíritu para que vivan conforme a su voluntad desde adentro hacia afuera. Las leyes ya no están solo en tablas de piedra, sino inscritas en la mente y en el corazón del hombre por el Espíritu Santo. Los redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo ya no son meros observadores de normas, sino hijos amados en comunión viva con el Padre. “Yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo” deja de ser una promesa lejana para convertirse en una realidad diaria.


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    6 mins
  • HEBREOS 7. UN SUMO SACERDOTE PERFECTO
    Jan 14 2026

    UN SUMO SACERDOTE PERFECTO

    HEBREOS 7:23 Hubo muchos sacerdotes bajo el sistema antiguo, porque la muerte les impedía continuar con sus funciones. 24 Pero dado que Jesús vive para siempre, su sacerdocio dura para siempre. 25 Por eso puede salvar una vez y para siempre a los que vienen a Dios por medio de él, quien vive para siempre, a fin de interceder con Dios a favor de ellos. 26 Él es la clase de Sumo Sacerdote que necesitamos, porque es santo y no tiene culpa ni mancha de pecado. Él ha sido apartado de los pecadores y se le ha dado el lugar de más alto honor en el cielo. 27 A diferencia de los demás sumos sacerdotes, no tiene necesidad de ofrecer sacrificios cada día. Ellos los ofrecían primero por sus propios pecados y luego por los del pueblo. Sin embargo, Jesús lo hizo una vez y para siempre cuando se ofreció a sí mismo como sacrificio por los pecados del pueblo. NTV.

    Loa sacerdotes del sistema sacerdotal del Antiguo Testamento, eran hombres comunes: eran frágiles y pecadores, al igual que el resto de hombres del pueblo escogido de Dios. Además, tenían una limitación fundamental: que era su mortalidad la cual heredaron de Adán, por eso su tiempo de servicio en el templo estaba limitado por su fragilidad de vida humana. Al momento de su deceso, otro debía tomar su lugar. Era un ciclo constante de sustitución que revelaba la necesidad más profunda de la humanidad: un mediador que pudiera durar para siempre.

    Al igual su ministerio estaba marcado por la repetición y la limitación. Ofrecían sacrificios día tras día primero por sus propios pecados, luego por los del pueblo, pero esos rituales nunca podían borrar definitivamente la culpa ni restablecer plenamente la comunión con Dios. Los sacrificios realizados por los sacerdotes levitas nunca podían eliminar definitivamente el pecado ni siquiera el suyo propio, menos aún el pecado de todo el pueblo hebreo. El sistema sacerdotal del antiguo pacto, era un sistema que señalaba hacia algo más grande, algo perfecto que tendría que establecerse con la llegada del Unigénito Hijo de Dios.

    Con su muerte y resurrección, Jesucristo cambió el sistema sacerdotal del antiguo pacto e instauró un nuevo sistema, el cual es muy diferente en tiempo y sacrificios. Jesús con su muerte y resurrección llego a ser el sacerdote de este nuevo sistema, la cual perdurará eternamente, porque este sistema sacerdotal es perfecto. Mientras los sacerdotes terrenales ofrecían sacrificios diariamente empezando por sus propios pecados Jesús se ofreció una vez y para siempre. Su sacrificio fue tan perfecto, tan exhaustivo, que nunca necesita ser repetido. Cada vez que las personas luchan con sentimientos de insuficiencia o creen que necesitan hacer algo más para ganar el favor de Dios, deben recordar: la obra está terminada. Él no está en la cruz; está en el trono.

    Los redimidos por la preciosa sangre de Jesucristo pueden tener la certeza de que su Señor y Salvador está delante del Padre, vivo y poderoso, abogando por cada uno. No como un abogado distante, sino como alguien que conoce íntimamente a cada persona y la representa con compasión. No con lágrimas de duda, sino con la autoridad de quien ya venció la muerte. No con sacrificios repetidos, sino con la perfección de su ofrenda única: su propia vida entregada en la cruz. El nombre de cada persona que ha entregado su vida a Él, está en sus labios, sus necesidades en su corazón. Su intercesión nunca se toma un descanso. Jesucristo como Sumo Sacerdote no solo tienen permanencia, tiene perfección. Dios santo.

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